miércoles, 24 de agosto de 2011

Comienzo del viaje..

Terminal de Santiago, frío-calor en el ambiente. Veo la hora, tengo los pasajes y ni uno de los dos compañeros de viaje aparece. Pienso en que me precipité en confiar en ellos, en que no debería haber comprado los pasajes porque ayer seguramente se bebieron hasta la molestia los muy culiados, pienso en que es muy tarde y no llegan. Se agota la cerveza en lata, Royal, la última Royal que bebí en Chile antes de empezar esto, me comí el último A's italiano en el terminal, y como siempre me pegaron un sablazo dinámico al momento de cobrar. No recuerdo ahora cuanto fue, pero de seguro que fue un sablazo, sino no lo recordaría. Se acerca la hora, quedan cuarenta minutos para que salga el bus, estos no llegan. A esta altura solo pienso en los encargos, Cristian unas botellas de pisco, Andres unas cervezas para el camino. Cuando los dos pastelitos llegan, no traen ni el pisco ni las cervezas. Obviamente las caras de resaca me explicaron que mis llamadas y mensajes de facebook, no fueron revisadas ni recordadas, otro punto para retrasar los nervios. Fuimos a la botillería en el subterráneo del terminal, compramos dos botellas de pisco, y tres six-packs de cerveza. Luego apresuradamente salimos del metro a fumar yerba, no era posible subirse a ese bus sobrio, y Cristian tenía los indicados, lo divertido del asunto fue que para colmo nuestro (y por la fecha) el terminal estaba repleto de policías, hacia una esquina cuatro policías motorizados y hacia la otra una van con tres policías alrededor. A la mierda, fumamos en el medio de la peatonal a vista y paciencia de los impávidos transeúntes. Caminamos rápido al terminal (según yo el bus se iba en cualquier momento) y al llegar nos percatamos que no pasaba nada, esperaban que compraran mas pasajes para partir a Mendoza y había tiempo de sobra. Cerveza a la vena, había que aprovechar que estaban heladas, así que destapamos cervezas y comenzamos con ellas. Cuando llego el momento de subir al bus ya estabamos algo ebrios, y cantando las típicas canciones de viajeros, riéndonos de nada y todo a la vez, sobre todo Cristian que era el mas emocionado con el viaje y Andres llevaba una sonrisa de satisfacción con esta aventura nueva. Cristian es mi amigo de infancia, a Andres lo conocía de mucho tiempo pero nunca fuimos amigos, aunque esta pequeña aventura significo crear un lazo de amistad bastante válido hasta ahora (a pesar de mis fallas). Una vez en el bus, observamos alrededor a ver si había o no posibilidad de beber en el bus, la cosa es que eramos bien pocos y nuestra adrenalina viajera nos bastó para destapar cervezas a diestra y siniestra, sin importar lo que dijera el pasajero de otro asiento. Lo genial era que al destapar alguno tosía o se reía fuerte, cosa estúpida ya que se notaba a la distancia que era cerveza lo que bebíamos y en fin, daba lo mismo, eramos los dueños del bus. Siempre que uno esta borracho con amigos se atribuye el título de "Dueño" del lugar en el que esté, en este caso el Bus El Rápido rumbo a Mendoza, salida de Terminal Santiago Sur 12:30 del día. Una vez vimos que salíamos del terminal la risa ya estaba descontrolada, las ganas de fumar cigarros comenzaban y las constantes idas al baño (producto de la cerveza) se hacían normales. Íbamos de lo mejor hasta que de repente un frenazo del bus que arrastró mas de cuatro latas de cerveza por debajo de los asientos nos sorprendió y al final, PAF, un choque del bus "Rápido" contra un vehículo desconocido. Nos acercamos a ver, y de pronto se vino toda la mierda encima, yo decía a mis interiores "nos devuelven fijo.. fijo que nos devuelven", pero mis amigos mas optimistas sabían que no iba a ser así. Paramos a ver que pasaba, nos bajamos y vimos que la parte frontal del bus estaba hecha trizas, por lo que el viaje (por ese momento) hasta ahí llegaba. No quedaba otra que seguir bebiendo, mágicamente aparecieron vasos y con esos vasos veíamos como trataban de arreglar el lío mientras yo pensaba que ibamos a llegar después del año nuevo a Mendoza, siempre un pesimismo rondaba mi cabeza, la verdad no sé porqué. Una vez nos dijeron que cambiaríamos de bus, subimos de vuelta y alcanzamos a tomar fotos al atropellado, retorcidas fotos que encontraron sonrisas al momento de verlas de nuevo. El viaje iba de lo mejor hasta cuando nos dicen que nos cambiáramos de bus, a esa hora ya borrachos bajamos como pudimos a cambiarnos a la máquina que atrás venía. Ya llegando a las curvas nuestros temas de conversación florecieron de una manera genial, los planes para esa noche, el soñar de "CUAANTAAS" minas nos íbamos a agarrar cada uno, en el fondo toda una pantomima que no se pudo concretar debido a factores relacionados con los excesos, pero de que sabíamos que iba a ser una gran noche, lo sabíamos. Cuando llegamos a la aduana, aún quedaban cervezas, y nos bajamos para cruzar al lado argentino y tomar fotos ahí. Fue divertido porque no llevábamos drogas, por lo que volví a confirmar mi teoría que pasar algo desde Chile a Argentina, es cosa de principiantes. En la frontera salieron chistes memorables que cada uno de nosotros lo sabe a la perfección, y una vez subidos al bus, decidimos dormir hasta llegar a Mendoza, aunque a mi la ansiedad no me permitió hacerlo. Por lo que observaba el lindo paisaje del "Cajón de Mendoza" (como lo bauticé), y pensar en la noche que nos esperaba, la bienvenida al año 2011 en un país ajeno, donde mis amigos no conocían a nadie y yo tenía (recalco bien... TENÍA) un amigo.


Continuará..